-"Las cosas no tienen un destino, tienen un camino; Se convierten en destino cuando se cruzan en tu camino
".


sábado, 19 de noviembre de 2011

EsCupido



Este tarado energúmeno, vigilante, sotreta, amorfo, plumudo con alas, que no es ni pollo ni Robin Hood, anda como jugando a la mancha con flechas, y muy simpático el atorrante, está convencido, que clavando esa aguja hace de dos zopencos uno solo.
Con tu certera flecha, el más árido de los desiertos se empieza a gestar, a la vez que el más fértil de los ríos se comienza a abalanzar, genios que no cumplen aparecen para ofrecerte deseos, estrellas que caen envueltas en miradas, solo agujerean el cielo , botellas con cartas varadas en los mares, las canciones sin permiso hablan en tu oído, camas que proponen cansancio permanecen tendidas, anillos opacos que estrangulan los dedos, soles que duran lo que un recuerdo y lunas que entierran corazones por entre sus ceniza.
Solo después de amar soy capaz de volver a amar, y no quiero que seas vos quien me diga a quien, cuando y donde, no, por más que te vea entre tarjetas y leyendas, por más que te sienta seduciéndome, por más que sienta tu viento en mis venas, voy a bajar la cabeza, por que prefiero clavar los ojos y los pies en el suelo antes de volar en tu abismo.
Si la vida esta dispuesta y el amor impuesto no va con migo, por que no te vas volando al infierno, que ahí si, podes hacer lo que se te venga en ganas, hasta podes joder al jodido y tirarle al mismo diablo, podes derrochar tus flechas, sin que nadie te reclame la herida, tarado inexperto en amores, inepto, ni si quiera naciste, no me vuelvas a tirar con nada, ni con arroz, ahora tengo que juntarme los pedazos, o seguir hasta cuando no vivan mis cinco sentidos, usándote como excusa para no distraerme recordándola, para que ella no me envuelva ni al estar despierto, ni al estar dormido , por que se que al instante en que te deje de maldecir, voy a verme lleno de sus recuerdos

miércoles, 16 de noviembre de 2011

Tarde 6to Capítulo

Esa misma noche retomamos la charla con el biólogo, lo de hacer los pozos de agua, quien quisiera lo podía empezar a hacer en su casa, en donde que desde la calle no se vea, yo tenía que poner ligustros alrededor del pozo para simularlo por tener el patio abierto, pero ligustros ya grandes. Luego de atender todas las inquietudes y necesidades hablamos de lo que había pensado, ¿Cómo crear algo para envenenar el agua desde arriba, desde la montaña? El biólogo comenzó a unir cosas en su cabeza y me dijo que lo deje en sus manos, no estaba demás intentarlo, voy a recurrir a mi galera dijo. Era temprano, salimos afuera para tomar unos mates bajo las estrellas, cada sorbo era un pensamiento, me di cuenta hoy cuando llegamos al Club, que los chicos ya estaban empleando el idioma en casi todo lo que hablaban y yo no entiendo nada, es por que en realidad no he podido prestar atención tampoco estar entre ellos, pensé que mi hija podría ayudarme con eso, no veía la hora de comenzar con los aljibes, mientras más rápido lo hiciéramos mejor, la gente tenía que dar aviso de listo y esperaríamos hasta el último pozo para después regar los ríos con veneno o con lo que haga el biólogo. Me sorprendió el día entre esos pensamientos y la bocina de un auto abandonado que le sonó la alarma, falsa alarma me dije.

Ese día llegó la mala y devastadora noticia, que las vacas que se acercaban al lago en busca de agua eran matadas y quemadas, así que nos dirigimos al lugar para constatar y cuando estábamos ya cerca, se podía apreciar lo bajo que estaba el dique, lo poco que quedaba de agua, empezamos a rogar por lluvias, pero entrando el invierno es casi imposible, hasta la primavera no hay ruego que alcance, buscamos las vacas quemadas y en verdad estaba pasando eso, El Biólogo al ver esto, entendió que en primera medida, las mataban para que no consuman agua, y el hecho de quemarlas, era para que no contamine, esto fue lo que dio pié para confirmar que se la estaban robando, fue la gota que colmó el vaso y terminó de motivar al Biólogo para ejecutar el plan, no se los demás lagos, pero por lo menos este va a quedar inservible dijo.

En un tiempo, no hace mucho hubo un gran problema en el pueblo a causa de una contaminación provocada por unos venenos que se usan en los campos para exterminar plagas, Glifosato, este veneno a pesar de estar tirado en las chacras, al llover es arrastrado por el agua hasta los ríos sin perder potencia ni efecto, causando estragos en el medio ambiante, lo cual daba a entender que tirado directamente al agua de los ríos podría ser catastrófico, así que no hubo objeción, casi que lo pensamos al mismo tiempo, pero también el, por su cuenta, seguía elaborando un veneno aún peor, para que en caso de no encontrar el liquido de los campos, utilizar ese.

Al estar cerca del pueblo, ya de regreso, un hombre con su familia, todos a caballo, estaban yendo hacia Ciudad Parque, un barrio de mi pueblo y El Biólogo les preguntó, que había pasado con los dueños del campo vecinos del pueblo, a los que tiempo atrás se les había iniciado juicio por no respetar las normas de fumigación, lo hacían a menos de 500 metros de sus casas, mejor dicho, en sus casas. Este le respondió, que en la casa solamente estaban los hijos, que a los padres se los habían llevado en un camión. Nos dirigimos directamente al la casa de campo, que está a poca distancia, al llegar nos dimos cuenta que deberíamos hacer una reagrupación de gente y controlar a todos los que quedaron sin una persona que los atienda, por que los niños estaban raquíticos de hambre y también en un estado de miedo y espanto, se habían escondido como gatos detrás de unas maderas, los llevamos directamente al dispensario y este problema cada ves se estaba haciendo más grande, no eran los únicos que padecían hambre y desnutrición por esta zona.

Después de eso, nos enteramos en el club, que había llegado a manera de comunicado oficial, una nota diciendo que, “la gente de todos los pueblos y ciudades iban a ser clasificadas y a posterior separadas según su clasificación para desempeñar tareas en y por el régimen conservador”, era lo que ya de alguna manera estaba dicho y hecho, pero ahora este comunicado estaba asegurándolo. Casi sin tener que pensar, sentí que sería separado de mi hija, quede mudo, inmóvil, me estaba llenando de pánico, nada más, ¿como le digo a mi hija esto?, ¿como la preparo?, ¿cual iba a ser el final?;

Al llegar a casa ella estaba en nuestra huerta improlija, buscando que teníamos para cosechar, no pude hablar, fui al pozo de agua, que estaba por la mitad de la excavación, y le dije que hiciera lo que pudiera con la poca verdura y me llamara cuando este listo, me metí al pozo y allí llore hasta el cansancio; la bronca, la impotencia, la incertidumbre, todo me aplastaba, mi tumba sería reconfortable pensaba, agarré la pala y me dije que no saldría hasta llegar al agua, estuve un día y medio cavando, retumbaban los golpes de la pala con los gritos de mi hija que me llamaban a comer, dormí ahí dentro, amanecí y continué buscando agua, hasta que en mis pies note barro, empecé a gritar de alegría y de bronca, todo se confundía, salí busque a mi hija y nos metimos al pozo a chapotear, ahí le dije de lo que había sido anoticiado, de que tal vez fuéramos separados, que no sé de lo que va a pasar después y quizá nunca más nos volvamos a ver, mil cosas pasan por mi cabeza, que no me dejan ser oportuno ni diplomático para decir las cosas, le pedí que luche sin parar, que siempre busque una motivación de vida y si no la encuentra, que busque una motivación de muerte, pero que lo sepa y que le quede como última palabra mía, que yo nunca voy a ceder ante estos asesinos, que voy a luchar hasta el último aliento y que si salgo de esta la voy a buscar incansablemente esperando a que esté viva, eso fue un compromiso para los dos y un mensaje para que no piense en la muerte, nos abrazamos llenos de barro y ahí quedamos hasta el día siguiente.

Me desperté con frío, no tuve en cuenta que esto podría traer complicaciones a la salud de mi hija, salimos estaba amaneciendo, ella se baño, después yo, y nos acostamos de nuevo un rato más para estabilizar el cuerpo, al despertar nos fuimos para el colegio a ver que había para hacer, me llamó la atención que no encontré a nadie en la calle y que las casas estaban en silencio total, caminamos más ligero para ver si estaban por el pueblo y cuando llegamos tampoco había gente, empecé a gritar llamando a alguien, y nadie se asomaba de ninguna ventana, golpee las puertas de varias casas y tampoco, hasta que abrí una puerta y luego otra y otra y en ninguna había gente, fuimos al colegio corriendo y al llegar tampoco había nadie allí, mire hacia todos lados y mi hija también, ¿que hacer?, no comprendía nada, no sabía si estábamos muertos o vivos, si éramos nosotros los que no estaban o los otros, hasta que mi hija me llama desde un aula para que leyera lo que decía la pizarra, era terrorífico, “Quien lea esto, esperamos entienda que es el único a salvo y tiene el compromiso de salvarnos, estamos acuartelados en Embalse, nuestro destino está a la vista”

Lo primero que hice fue ir a la casa del biólogo, directamente al lugar que me había indicado, donde fabricaba el veneno, debajo de unas tablas tapadas en tierra estaba la puerta que me comunicaba a un sótano pequeño, allí se encontraban los bidones de veneno de los campos y los bidones de veneno fabricados por el, visto esto, salimos con mi hija a buscar caballos y un carro, no había tiempo que perder, conseguimos cuatro caballos y el carro, amarramos dos caballos al carro y dejamos todo listo para que, entrada la noche, saliéramos río arriba a tirar todo, mientras, nos escondimos en la iglesia del pueblo, llevamos lo que encontramos de comida en el colegio y lo guardamos en paquetes, comimos y todo lo que sobró era para el viaje, los caballos también habían comido, teníamos todo lo indispensable, Mi hija estaba cansada, pero tenía que estar al lado mío con todas sus fuerzas, la pregunta que estuve haciéndome todo el día era, ¿como fue que a nosotros no nos llevaron? Y el único pensamiento, con lógico, era que todo haya sucedido mientras estábamos en el aljibe dormidos, y que si se asomaron, seguro no nos vieron, debido a que estábamos confundidos entre el barro, hable con mi hija sobre esta hipótesis y ella se encogió de hombros, como dándole lo mismo esa u otra razón, sumergida en su pensamiento, dijo haber visto entre dormida una luz, como una linterna, entonces seguramente así es como sucedió, alumbraron, pero el barro nos encubrió, también me dijo que aprovechemos esta oportunidad y que comencemos una nueva vida, ya no hacía falta ir hasta las computadoras a dar el presente y que si así lo hacíamos, era lógico que seríamos apresados al instante, pensó en sus hermanos y descarto por el momento esa tranquilidad, ella también se puso una meta, la misma que la mía, luchar y empezar con los líquidos era la punta del hilo.

Esperamos la hora que creíamos conveniente y salimos a buscar los caballos, todo seguía tranquilo, no había modificaciones en nada, todo estaba como lo dejamos,

Sobre un banco, en el patio de la casa, se reflejó un metal, me acerque como sintiendo que me llamaba, lo busque al oscuro con las manos, pude saber que se trataba de un puñal, entonces lo guarde en mi cintura, montamos con mi hija y fuimos hasta lo del biólogo en busca de los líquidos, los cargamos cuidadosamente y salimos buscando un camino que nos lleva a Loma alta, y de ahí seguir el río del medio hacia arriba, hasta su nacimiento, eran calculo, las 20:00 hrs. de esa tarde

Yendo al oscuro parecía que nada sucedía, estaba todo muy calmo, la noche algo fría pero soportable, estábamos dejando el asfalto, entrando a un camino de tierra que nos llevaba a la montaña, mucho conocimiento de este camino no tenía, solamente una ves había andado por estos lugares, cuando con mis amigos de la adolescencia vinimos a pescar truchas, se que la huella se corta, seguir por senderos y bajar del caballo cuando se llega a unas piedras que cortan el camino, después caminar como tres kilómetros hasta el río, donde se encajona por la montaña, es ahí donde nace el río Del Medio, de buen caudal, pero para eso, teniendo en cuenta que me puedo perder, sería mejor esperar a que amanezca; llegamos a una escuela de montaña, que por lo que recuerdo, hasta ahí es casi la mitad del recorrido que hemos hecho, nos pareció un buen refugio y nos quedamos a esperar el amanecer, a los caballos le sacamos las monturas y desatamos los que llevaban el carro con los bidones, mi hija no tardó en dormirse, en cambio yo creo que dormí por momentos, intranquilo cuando otra ves el puñal se dejo ver, esta vez por un reflejo del sol, lo busqué, lo alce y pude ver en la hoja de acero un tallado con el nombre de Antonio, y me trajo al recuerdo a mi mejor amigo, Antonio, y que con el, haciendo excursiones en bici anduvimos por estas montañas, cargados con chirimbolos y las mochilas atadas de mil maneras con alambres, cordones y hasta con bolsas de polietileno, más de una ves, ¿Qué será de él?, ¿Qué será? … ¿que sería si el estuviera en el Champaqui?, me tranquiliza ese pensamiento y hasta es capas que sea así, voy a pasar por allí ni bien pueda, es posible que esté, ese es el lugar donde siempre hubiéramos querido estar en nuestros últimos días. Casi me descuido pensando demasiado, retomamos la tarea con mi hija, preparamos el equipaje, los caballos y salimos al tranco por el camino hacia lo que todavía no recordaba bien como era y como se hacía para llegar, pero era lógico que con algún río iba a tropezar, seguramente, por más que no conozca el camino, se nos cruzó una liebre y no sabía como hacer para cazarla, tampoco podía gastar energías mías ni de los caballos, así que la dejamos ir, quizá después podamos pescar algunas truchas y bañarnos antes de derramar el veneno, por lo pronto habíamos dejado unos lazos de alambre en las cuevas de vizcacha que estaban cerca del camino, en eso se estaba borrando el camino transitado y empezaban unas huella de zúlqui a marcar nuestra ruta, también se habrían como venas los senderos de animales sobre el piso y nos hacían confundir la dirección, la que por tramos desaparecía y los senderos se entrecruzaban unos con otros, pero a la distancia podía verse por donde continuaba nuevamente, hasta que las piedras le ganaban en superficie a la tierra y borraba por largos tramos toda huella, estábamos en ascenso constante, continuamos buscando los lugares por donde pudiese pasar Trocha, y Mecha, las yeguas que llevaban los líquidos, cada ves era más difícil el ascenso, hasta que llegamos a un gran tala que estaba al borde de un precipicio, es este el lugar me dije, este es el tala que marca el fin del camino, ahí esta el risco de piedra que hay que rodear para bajar hasta el río, fue nuestro fin de camino con Trocha y Mecha, todo lo que se veía desde allí era intransitable para los caballos que llevaban el veneno pero no para Trotil y Waira los de monta, entonces desatamos a Trocha y Mecha para que pasteen y salimos a buscar el río con mi hija, desde ahí no parecía haber un río cerca, sabia que estaba por allí pero,…¿donde?, dentro de tres kilómetros a la redonda, es mucho espacio, ¿En que dirección?, Mi hija me dijo que cuando se hiciera de noche lo íbamos a escuchar y tenía razón, así que volvimos hasta el campamento y esperamos la noche, pudimos contemplar el paraíso que es este pedazo de tierra, el sol sale para todos y para todos se oculta, son pensamientos que quizá, en cualquier momento de cualquier día suenen estúpidos, pero aquí y ahora son apaciguantes, Salí a buscar algo de alimento, puse más trampas y por suerte en una de ellas, al anochecer, atrapamos una vizcacha que pude cuerear gracias al puñal de Antonio, la salamos y dejamos que se oree por un rato, mientras se hacía el fuego, después de cenar pudimos escuchar el río a lo lejos, tenía razón ella, en dirección oeste de donde estábamos, nos abrazamos con mi hija e hicimos una ceremonia en agradecimiento por la incansable madre naturaleza que nunca nos abandona y a la que en esta ocasión debíamos ofender cuando derramásemos los líquidos en el río y a la que le dije que le devolveremos lo quitado, según el biólogo haciendo esto recién después de treinta años el dique y el río sería nuevamente habitado por la flora y la fauna, por lo que esta tarea, era un compromiso para mi hija, y todo aquel que se pueda salvar.

En una piedra y con el cuchillo escribí esa noche, Es la última alternativa y está en contra de mi voluntad, mi deseo es que la vida, la justicia y la libertad emerjan nuevamente. La cena estaba lista y olía a rico, cenamos hasta el cansancio y descansamos, el sol salía más temprano sobre la montaña, por lo que bien temprano empezamos a buscar por el oeste al río, cruzamos cuatro cerros y lo pudimos ver a la distancia, que entre las curvas se escondía, calculamos mil quinientos metros, fuimos descendiendo entre piedras, espinillos, tabaquillos y plantas de todo tipo, molles, acacias, aromitos y algunos pinos dispersos, todo estaba inalterado, hasta parecía cuidado, vimos el techo de una casa que estaba en un valle a la margen del río, ¿Cómo se llega hasta ahí con los caballos y el carro? Me pregunte, luego pensé, ¿pero para que?, si lo que tenía que hacer era derramar los bidones de veneno que llevaba e irme, pero llegamos a echar un vistazo, como dicen los yankees podridos, fuimos a ver diríamos nosotros y estaba todo muy tranquilo, hasta un radio viejo, que lo prendí para escuchar algo y la sorpresa era que una estacón de radio trasmitía música, la llevamos con nosotros para esperar que alguien diga de donde provenía la emisora, pero eso no pasó, también, en el patio de la casa había tres ovejas pastando, atamos una y la dejamos para buscarla cuando volviésemos de haber arrojado los líquidos al río, las otras quedaron por si a caso esta gente estuviera por ahí buscando algo, también le dejé una nota disculpándome y recomendándoles que no se muevan de ahí, por lo que pasó en el pueblo, por si no lo sabían y para encontrarlos a la vuelta si hacía falta, también le dije que la gente del pueblo había sido reclutada en Embalse de Río III.

Tomamos seis bidones y los subimos a modo de alforja a un caballo que estaba en el patio de la casa para no cansar demasiado a los nuestros, los llevamos al paso hasta el río, me puse unos guantes de goma que alcé de la casa del biólogo, de los que el tenía para manipular esto y un barbijo también, destape uno, mi hija estaba alejada, no quería que inhalara ese veneno, caminé por unas piedras hasta el medio y derrame el primer bidón, a los segundos aparecieron flotando los primeros peces muertos, el agua tomó un color amarillento y eso no me gustó por que hacía muy evidente al veneno, busqué unas ramas que estaban a la orilla del agua y até de allí dos bidones y del otro lado del río un bidón solamente, les hice un pequeño tajo con el puñal de manera que el líquido baya saliendo de a poco y que sea constante, de esa manera el color no era tan evidente, también decidí no tirar todo el veneno en ese lugar, me pareció mejor hacerlo en cada río, arrollo o acequia que encontrásemos en el camino. En eso me di cuenta que en la nota que habíamos dejado en la casa no le avisaba que el río y todos los cursos de agua que encontrase yendo desde el río hacia el sur, iban a ser envenenados, por lo que al regreso para buscar los caballos y la oveja tenía que no olvidarme de agregar eso a la nota. Volviendo hacia la casa, pudimos ver lo que estaba pasando en el río y me dio mucha pena, mi hija se largó a llorar, en un pozo de agua daban vueltas los peces muertos, eran muchísimos, también patos y garzas habían por todas partes tendidos como fideos, en ese momento desistí de lo que estaba haciendo y pensé que no tenía sentido, volví por el camino hacia los lugares donde estaban los bidones, los saqué y los enterré alejado del río, nos sentamos bajo un árbol casi vencidos y con la conciencia trillada, ¿Cómo puede ser que no sea capas de matar unos animales y estos miserables matan gente como si nada?, En eso llega un joven asustado y sin aire, me gritó que el padre estaba muriendo, me empezó a pegar y a echarme la culpa de la muerte de su padre, sacó un cuchillo y nos trenzamos en lucha, por suerte pode sujetarlo sin recibir ninguna herida, gracias a que era demasiado pequeño, pero me seguía mirando con odio, me invadió un sentimiento de culpa antes de deducir que este hombre había sido envenenado por mi, vió su caballo con nosotros, que fue, lo que le hizo suponer que éramos nosotros los únicos culpables y salí a la carrera hacia la casa, esta ves mirando el suelo, por los hormigueros y un pensamiento me hiso voltear, no podía dejar a mi hija con este muchacho enfurecido, regresé la tomé de un brazo y subió al caballo mientras que este chico montaba a otro, llegamos a la casa y una mujer mayor lloraba sobre el cuerpo entumecido de un hombre como de sesenta años, levantó la mirada y el hijo estaba llegando tras de nosotros, los gritos se escuchaban cada ves más cerca, me gritaba e insultaba diciendo que yo lo había matado, bajó del caballo y se me tiró nuevamente encima, la mujer la tomó por detrás, justo cuando me estaba por pegar con una enorme piedra en la cabeza, en eso mi hija sale de la casa con la nota que yo había escrito y preguntó si no la habían leído, y la señora contestó que no sabían leer ni escribir, entonces mi Hija comenzó a leer en voz alta, el muchacho aflojó los brazos y se derrumbó como una pirámide de cartas, cayo al suelo, los ojos se le fueron para atrás y comenzó a sufrir unas convulsiones, yo no sabía a que recurrir, el parecía estar envenenado también, pero la señora habló y dijo que le suele pasar a menudo, que son ataques que sufre desde siempre a causa de los nervios, lo atendimos con mi hija, en verdad no se como sacarlo de este cuadro, la Madre muy tranquila lo abrazo y lentamente se le fue pasando, quedó dormido en un sueño profundo, momento que aprovechamos para cavar el pozo donde enterrar al padre, La mujer señaló un lugar debajo de un gran nogal que estaba al costado de la casa, esperamos a que su hijo despierte e hicimos una ceremonia, cosa que tampoco se como se hace, fue terrible ese momento, no salía de la culpa, esta familia estaba ignorando lo que pasaba en el pueblo que estaba a unos quince kilómetros de ahí, y era por que nunca tuvieron una computadora en las manos, nunca un celular, nunca nada de eso, ni escuela si quiera, eran vírgenes por decirlo de alguna manera, y vivían de la naturaleza, sin el consumismo, sin la eterna deuda de vivir, disfrutando de la vida en lo más esencial y yo con una visita les trunqué todo, todo por un propósito incierto, por que si me preguntan como sigue esta misión, no tengo ni para decir que voy a hacer más luego, solamente me guio por una inercia ¿basada en que?, ¿Es venganza, o quiero luchar solo sin saber como, enfrentando al mundo?, ¿a qué me lleva esto?, voy a ir hasta embalse, ¿pero que hago allá? Levanto la vista y veo a mi hija esperando mi decisión, veo a esta gente que está ahora desolada, no se de mi Hijo ni de mi Madre, volvió el empecinamiento o el deseo de seguir con lo que estaba haciendo, eso tengo que buscar, a ellos, a mi Hijo y a mi Madre, cambiaron los planes amor, le dije a mi Hija, vamos hacia el Norte ahora, vamos a empezar por nosotros, hay tanto por hacer por nosotros, que con la gente del pueblo, después veremos que hacer. Le prometimos volver a esta familia y salimos sin perder tiempo hacia el norte, llevamos la oveja y unos huevos de gallina que la señora nos juntó, a su hijo lo vi sentado al lado de la tumba de su padre y no levantó la mirada cuando nos fuimos, busqué el camino hacia donde estaban nuestros caballos haciendo un descanso en cada sombra, llegamos hasta ellos, decidimos abandonar a Trocha, la más vieja y quedarnos con Mecha para alternar, hasta llegar a la ciudad de mi Madre, en el camino pude ver que los camiones estaban al ritmo de antes, constantemente en caravana llevando supuestamente agua, me fui por donde había ido antes, pasé por la casa del viejo y estaba cerrada, seguimos sin parar, ni bajamos de los caballos, seguimos al paso, las primeras luces de la ciudad ya se veían, entramos directamente por la cantera abandonada, donde tampoco había indicios de gente en los alrededores, de ahí a la casa de mi Madre solo faltan nueve cuadras, el apuro por llegar me hiso perder el cuidado, de todas maneras no veía gente y ya suponía con lo que me iba a encontrar, con nada sencillamente, con nada, y así fue, en casa de mi madre no había nadie, en el barrio no había nadie, en la ciudad no había nadie, el tajamar estaba vacío y de el salía un olor nauseabundo, en el piso había pescados y musgo podridos, la ciudad cubierta por un manto de hojas secas y húmedas y mucha tierra acumulada en todas partes, llegamos a la iglesia y ahí sobre un banco tapado en tierra había un escrito hecho con los dedos: “No tenemos destino”, tenía la respiración en su ultimo aliento, en contraparte con la esperanza que no termina de alentarme, se disputan las emociones, mi hija entro en debate con su suerte y la que yo tenía para darle, nada, de eso no sale nada, solo de un instinto puede darnos alguna alternativa, nos fuimos para la casa de mi Hijo, todo era un mismo paisaje ahí en la casa, solo que mi hijo astutamente dejo escritas sus iniciales con aerosol y una flecha por debajo a modo de indicar un rumbo que indicaba el noroeste , entonces estaba claro que si a la gente de Calamuchita la reclutaban en Embalse a la gente de acá la reclutarían en Carlos Paz. Al volver, a los caballos se los veía sedientos y no había agua por ningún lado, me acordé de una laguna que esta saliendo de la ciudad hacia el oeste, que se formo a causa de una vertiente que se abrió en la cueva de una mina de cuarzo, justo por donde pensaba ir, mientras era un ruego que hubiese agua, cuando asomamos por una calle abierta por cartuchos de trotíl, pudimos ver que la laguna era un pozo enorme, era la cavidad del agua que en algún momento existió, solo que bien al final del pozo, se veía una cueva donde hicimos noche o parte de lo que quedaba de la noche. Al amanecer camine adentrándome a la cueva y escuché agua caer entre las piedras, fue como encontrar oro, llamé a mi Hija y ella se acercó corriendo y gritando de alegría, buscamos a los caballos y bebieron muchísimo, hasta pensamos que les podía hacer mal tanta agua de repente, nos estábamos aseando cuando un ruido nos inmovilizó, el suelo estaba quieto pero del techo de la cueva caía arena, piedras y polvillo, empezamos a correr arriando a los caballo hacia fuera y gritando, yo sabía que el tropel de los caballos había causado ese movimiento y que si corrían iba a ser peor, pero el susto de los animales era tan grande, que todo intento por calmarlos fue imposible, no veía delante de mi, el polvo que levantaban los caballos y el que caía me dificultaban la respiración, a mi hija la escuchaba que gritaba delante de mi, eso era lo que me guiaba hasta que vi un pequeño resplandor, cuando salí mi Hija estaba mirando hacia adentro con un caballo tomado de las riendas y yo salía solo